
En clase tuvimos la visita de una maestra que había vivido un caso de violencia escolar en primera persona. Esta maestra nos contó su experiencia y nos explicó cómo se sintió.
Hay numerosos casos de maestros en baja por depresión debido a asuntos como este: alumnos que les pegan, les faltan al respeto, les insultan... Y no sólo eso, también padres que vienen al centro dispuestos a darles una paliza por haber castigado a su hijo o por haberle puesto una mala nota.
La situación me parece vergonzosa, pero ante este panorama debemos pensar qué podemos hacer nosotros como orientadores para prevenir la violencia contra los docentes.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que hay que actuar lo antes posible, incluso antes de que surja el problema (para ello llevaremos a cabo programas de prevención). Normalmente, ante una agresión física, muchos maestros se quedan en blanco, sin saber qué hacer. Y esto puede ser un error.
También debemos evitar que los alumnos se tomen demasiada confianza con el profesor. El profesor debe tener claro que él constituye la autoridad, y también debe dejar claro su papel a los alumnos. El profesor no es un amigo. Eso no quiere decir que deba ser autoritario, pero todo tiene sus límites.
Es interesante conocer técnicas de modificación de conducta, para aquellos alumnos que se manifiesten más agresivos. Debemos ser pacientes y trabajar con ellos estas técnicas. Pero, sobre todo, es fundamental hablar con las familias, porque a lo mejor la raiz del problema está en casa.
Dicho todo esto, creo que lo más importante es que los maestros se apoyen ante situaciones como estas. ¡Luchemos juntos contra la violencia escolar!

No hay comentarios:
Publicar un comentario